1

Concebimos a la persona como un ser individual, racional, libre; imagen y semejanza de Dios, que en su relación con Él, consigo mismo, los demás y el cosmos es capaz de desarrollar sus facultades armónicamente en orden a su fin último.

2

Entendemos por Educación el derecho que toda persona tiene de introducirse en el patrimonio cultural de la humanidad, a su realización plena y a la posesión de la Verdad y el Bien. Es el camino de desarrollo humano para que nuestros alumnos encuentren y realicen su proyecto de vida como hijos de Dios.

3

Incorporamos en nuestra labor educativa los avances de la ciencia y la tecnología para hacer realidad nuestra Misión.

4

Consideramos la relación educador-educando, como una relación de amor para que a través de las palabras y acciones del docente, el alumno descubra y manifieste el amor misericordioso del Padre.

5

Expresamos en nuestras comunidades educativas que la norma de vida es el Evangelio. Como sustento de la Educación asumimos la Doctrina del Magisterio de la Iglesia y las leyes civiles que no contradigan los principios del Ideario.

6

Manifestamos que en nuestro apostolado, la comunidad educativa es el espacio privilegiado para compartir nuestra experiencia de la misericordia de Dios entre los que la integramos. Expresamos mediante prácticas sociales y en los detalles de cada día la delicadeza que es propia de nuestra identidad y nos refuerza el sentido de pertenencia.

7

Formamos a la Comunidad Educativa como miembros solidarios, con espíritu de servicio y proyección social hacia los más necesitados de misericordia.

8

Promovemos una cultura ecológica sostenible abierta a la trascendencia, actuando con responsabilidad ante la naturaleza que exige la solidaridad con las generaciones presentes y futuras, para alcanzar un desarrollo que sea socialmente justo, ambientalmente equilibrado y económicamente viable.

9

Consideramos que con el don de la vida los padres de familia reciben todo un patrimonio de experiencia: … el derecho y el deber inalienable de transmitirlo a los hijos: educarlos en el descubrimiento de su identidad, iniciarlos en la vida social, en el ejercicio responsable de su libertad moral y de su capacidad de amar a través de la experiencia de ser amados y, sobre todo en el encuentro con Dios.

10

Concebimos a La familia, como la base más importante para la educación. En ella la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente; es la primera escuela de la vida donde se aprenden las virtudes personales y sociales, y desde donde se orienta la persona hacia el respeto a los demás, el amor a la propia vida y a Dios.