1

Concebimos a la persona como un ser individual, racional, espiritual y libre, que es relación con Dios, consigo mismo, los demás y el cosmos. Es capaz de desarrollar armónicamente sus facultades, en orden a su fin último.

2

Asumimos la evangelización propia y esencial de la Iglesia como el gozoso anuncio de la salvación que llama a todos los hombres a vivir conscientemente como Hijos de Dios.

3

Vivimos animadas por el Espíritu Santo a colaborar con las misiones, cultivar asiduamente el espíritu misionero por los medios científicos y tecnológicos que estén a nuestro alcance, especialmente por la oración, la celebración de la Eucaristía y el sacrificio.

4

Vivimos y difundimos nuestra espiritualidad en los campos de misión, anunciar el mensaje evangélico del amor misericordioso y seguir las huellas de Cristo que nos amó primero y se entregó por nosotros como rescate y salvación universal.

5

La relación evangelizador y destinatarios, es una relación de amor misericordioso: nos manifestaremos de manera tal que a través de las palabras y acciones se descubra el amor misericordioso del Padre.

6

En nuestra obra misionera la norma de vida es el Evangelio, los sacramentos, la oración, el magisterio de la Iglesia y Plan Diocesano de Pastoral.

7

La evangelización es el espacio privilegiado para compartir nuestra experiencia de la misericordia de Dios con los destinatarios expresando mediante prácticas sociales y en los detalles de cada día la delicadeza que es propia de nuestra identidad y nos refuerza el sentido de pertenencia.